Tomando conocimiento de los números reales que miden la pobreza y la indigencia en nuestro país no puedo evitar traspolarlo a nuestra realidad local, donde comprobamos con sólo dar una vuelta por la ciudad, lo que marcan los índices, y digo “por la ciudad” porque ya la pobreza no es excluyente de un sector de la sociedad. Además de observar la cruel realidad de la pobreza estructural de un sector muy vulnerable que va en crecimiento, con nuevos asentamientos, con la infantilización de la pobreza, con la reducción de la capacidad económica, entre otros factores, nos encontramos que ya no sólo es privación de recursos económicos, sino también pobreza en generación de vínculos sólidos, de espacios de escucha, de ámbitos de participación comunitaria donde la libertad de expresión sea un canal genuino de interacción; donde la realidad no se esconda ni se censure, donde la única manera de encontrar soluciones es en el contacto permanente con los actores a partir de sus necesidades sentid...